Red de comercialización Vértice, ¿cómo una experiencia local puede transformar?

Autor: Santiago Díaz.

Hace unos años tuve una de las oportunidades más bonitas que he podido experimentar en mi vida. La mayoría de mi vida fui una persona que se movía casi que exclusivamente en espacios completamente urbanos; acostumbrado a las dinámicas y prácticas propias de mi ciudad natal, Bogotá, tenía momentos muy contados en los que me hubiese involucrado con el campo, con las personas que lo habitan, con la producción de alimentos y nunca dimensioné las infinitas posibilidades que este “nuevo mundo” tenía para ofrecer y cómo terminaría por encaminarme hacia lo que ahora considero mi vocación.

Es así como empecé a colaborar con un proyecto increíble llamado Vértice para el Comercio Responsable.

Vértice para el Comercio Responsable es una red de comercialización de productos orgánicos y agroecológicos que busca promover el comercio justo y el consumo responsable, por medio del acercamiento directo entre productores y consumidores, en el que no participan los intermediarios. El éxito de su funcionamiento radica, por un lado, en el establecimiento de acuerdos claros con los productores respecto a los precios, un proceso de trabajo colectivo en el cual se realiza un balance de los precios que tuvo un producto determinado para establecer uno que sea justo y que no esté sujeto a las fluctuaciones del mercado; es decir, independientemente de si sube o si baja, Vértice garantiza a los productores de la red el mismo precio todo el año.

Por otro lado, con los consumidores se construyen acuerdos de confianza en los que, desde el productor hasta las personas que transportan los alimentos, se comprometen a entregar los pedidos cada 15 días[1]; sin embargo, es importante destacar que esta confianza se construye sobre la realidad de producir alimentos, ya que estos están sujetos a eventualidades como las heladas, las pérdidas por plagas, la estacionalidad o algún accidente durante el transporte. Vértice también se encarga de recibir los productos provenientes de diferentes municipios ubicados en Boyacá y Santander, para empacarlos siempre con la premisa que todos los elementos usados en el proceso deben ser reutilizables (frascos, bolsas de tela, cajas de cartón, entre otros), que los consumidores deben devolver al momento de recibir cada mercado, haciendo que sean sostenibles y responsables con el medio ambiente.

Video tomado de: https://www.corpovertice.org/https://vimeo.com/175619454

Al inicio, la experiencia me resultó completamente ajena, sin embargo, sentía que estaba en un lugar en el que contribuía a cambiar algo, así fuese pequeño, pero era algo en la realidad de otra persona, desconociendo por completo que más adelante tendría la oportunidad de compartir, de conocer, de hablar, de construir nuevos caminos, en definitiva, de consolidar mi proyecto de vida.

Los aprendizajes siempre son elementos que conservamos cuando transitamos y vivimos ciertos espacios, uno de estos marcó muchísimo mi experiencia: el poder comprender cuáles son los procesos a través de los que se producen los alimentos que consumimos; tener el panorama de todo un ciclo natural que tiene una infinidad de variaciones, fue un espacio muy significativo en mi proceso, de definir un poco el lugar en donde quería estar, de consolidar cuál era el camino que quería seguir como profesional.

El apoyo que realicé para Vértice consistía inicialmente en el apoyo logístico para el transporte y entrega de los mercados que los diferentes consumidores pedían en Bogotá; con el tiempo empecé a apoyar otros procesos más investigativos que buscaban indagar por las prácticas que tienen los productores que hacen parte de la red, momento en el cual empecé a vincularme con lo que entendía era “una realidad diferente a la mía”. Los acompañamientos y visitas que hice fueron principalmente en Mongua, Boyacá; un municipio increíble, lindo y frío (por su clima), sin embargo, con el tiempo fui encontrando cada vez más cálidas mis visitas por la forma en la que fui recibido, siempre de puertas abiertas, con un tinto, un chocolate, un guarapo que me hacía transportarme a espacios familiares donde siempre se te esperan con los brazos extendidos.

Cada viaje estaba cargado de anécdotas, de datos, de información, de calidez humana, de largos recorridos a pie, de sortear caminos desconocidos, de acercarme cada vez un poco más al campo de nuestro país. Con el recorrido también llegó el conocimiento, el descubrir nuevas formas de entender el origen de lo que comemos, basado en nuevas formas de relacionarnos con la comida, de los platos que nunca antes había probado, de salir un poco de esa zona de confort y compartir otras experiencias y espacios.

Otro de los aprendizajes que recuerdo con mucha intensidad es la importancia del vínculo que debe existir siempre entre consumidor y productor, ya que esta no debe ser una relación vertical, de distancia sino que por el contrario, debe procurar disminuir las diferencias. Para el caso de los consumidores, siempre me ha parecido fundamental el reconocimiento del otro con un nombre, un rostro, es algo invaluable que te deja el hecho de enREDar a las personas, es invitar a participar de algo diferente, de transformar las percepciones y dejar de ser un “cliente” y pasar a ser realmente un consumidor consciente. También se aprende, cuando se tiene la oportunidad de participar de espacios como este, el poder palpar de verdad la relación desigual entre lo urbano y lo rural, las grandes dificultades que atraviesan a diario (e históricamente), nuestros campesinos, y la importancia que tiene salir de los espacios cotidianos para empezar a participar activamente de una transformación de fondo.

La apuesta de Vértice es “cambiar el chip”, es ofrecer a las personas la posibilidad de acceder a alimentos sanos y limpios; también es ofrecer un espacio de comercialización para aquellos pequeños productores que se ven excluidos del mercado y que buscan garantizar un ingreso que contribuya al mejoramiento progresivo de la calidad de vida.

Muchas veces me he detenido a pensar en el camino recorrido, en la importancia de agradecer por cada espacio, persona, situación y experiencia vivida porque todas hacen parte fundamental de lo que somos. Siempre será inevitable no pensar en esta experiencia, en Vértice, en lo aprendido y las implicaciones que tuvo en la consolidación de un horizonte con incontables posibilidades.

¡Gracias a todo el equipo de Vértice por haberme abierto sus puertas!

Para más información sobre este lindo proyecto, puedes consultar:

https://www.facebook.com/verticeresponsable


[1] Los pedidos se entregan en Tunja y en Bogotá.

2 respuestas para “Red de comercialización Vértice, ¿cómo una experiencia local puede transformar?”

  1. Santiago, una interesante experiencia personal que desvela un mundo oculto y con potencial sustentable en el tiempo que abre puertas de comercialización dando valor, en pago directo, a quienes originan la cadena de alimentos del campo a la ciudad y pone además de manifiesto la cultura del campo a los citadinos.

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