Mujeres y construcción de paz en Colombia.

 "Lisístrata  Como perro lamiendo sus heridas,
 en ausencia y silencio voy, hermanas,
 llanto en las noches, rabia en las mañanas,
 dolor bajo sonrisas mal fingidas.
  
 Despertad, las que estáis adormecidas
 en sombras de miserias cotidianas,
 las de cabellos de oro o nobles canas,
 remolcadoras de infelices vidas.
  
 Nuestros hombres han hecho de la guerra
 juego de obstinación, que nos destierra
 a larga deserción, placer fugaz.
  
 Desde hoy el sexo se armará de escudo,
 y el idioma de amor quedará mudo
 hasta el regreso manso de la paz." 
Francisco Álvarez Hidalgo.

Para esta edición de 3Colibrís compartimos las reflexiones de Tania Fuentes acompañadas de la ilustración de Laura Sierra.


Los Acuerdos de Paz han sido un punto de inflexión para pensarnos, sentirnos y comportarnos diferente, especialmente para las mujeres; así, colectivamente. Debido a su persistencia y organización lograron sentarse en la mesa de negociaciones de los Diálogos de Paz e incluir un enfoque de género transversal en los 6 puntos de los Acuerdos.

Fuente: Forjando Paz.

Muchas de las mujeres participantes han sido activistas y defensoras de paz de larga trayectoria, han participado en experiencias como La Ruta Pacífica de las Mujeres, No Parimos Hijos e Hijas Para la Guerra, Costureros de la Memoria, Red de Mujeres Excombatientes, Asamblea Permanente de Mujeres por la Paz, etc.

Fuente: Forjando Paz.

El encuentro entre mujeres pertenecientes a las FARC, sociedad civil, cooperación internacional, gobierno y mesas de víctimas ha enriquecido el enfoque, a través de la diversa participación. Tanto así que en 2017 se presentaron cerca de 800 organizaciones de mujeres para la conformación de La Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación al acuerdo de paz (CSIVI) que tiene dentro de sus responsabilidades: dar insumos, ofrecer lineamientos y recomendaciones acerca del enfoque, y especialmente generar espacios de diálogo fluido entre las mujeres participantes y sus colectivos.

Las dificultades que se han presentado a las mujeres para llevar a cabo una participación política de incidencia se han manifestado en el hogar, en las calles, en las esferas públicas. Porque la fuerza que ejercen la división de roles en el día a día cerca sus posibilidades, sus tiempos y sus habilidades para fortalecerse en la participación.

La política pública preponderante tiene un lenguaje y un hacer patriarcal donde se prima la fuerza, el poder, la competencia, la inmediatez y la expoliación. Frente al imaginario de mujeres constructoras de paz, o de otras realidades donde el cuidado está en el centro, el diálogo, así como la relación inseparable entre naturaleza y sociedad.

Muchas de ellas, incluso manifiestan haber sido señaladas por mostrar su opinión frente al desarrollo y denunciar estas gafas rotas a la hora de encontrar el bienestar; donde no entra el tiempo, ni importan las cosas relacionadas con la vida, como el aire y el agua limpia, la mirada y la palabra serena, el arrullo del viento, la tierra, las semillas y el equilibrio. Para ellas siempre ha estado claro: quien siembra alimentos, cosecha futuro.

“No confiamos en la autoridad. No confiamos en las instituciones. Porque creo que cada vez que denunciamos o cada vez que nos movemos, siento y sentimos que nosotras estamos tocando esas llagas. Estamos nosotras levantando la voz por encima de la gente que tiene una intención de callar la voz, sobre todo [la] de las mujeres. Y ese ha sido el proceso que nosotras tenemos acá; creo que los riesgos en el tema de las mujeres, en el tema de la minería, en el tema ambiental, es altísimo. En el tema de tierras [también] es altísimo.

Defensora indígena, 2019 1. Fuente Pacifista.

Mujeres líderesas comunitarias que llevan a cabo procesos de reconciliación, de convivencia pacífica, de comunicación y pedagogía para la paz, además de propuestas productivas que responden a necesidades de sus gentes, de su infancia y de su territorio. Se ven expuestas día a día en estas labores, y sus cuerpos, tanto como los de los líderes sociales, a aquellos que se empeñan en imprimir en sus cuerpos huellas de miedo y de violencia. Olvidan que es imposible callar la memoria colectiva. Sus muertes nos duelen, nos conmueven, nos movilizan y nos alientan.

Lo único esperanzador de estos hechos es que la denuncia y la sensibilidad social y política por las vidas de líderes y líderesas, nos ha llevado a mirar a los ojos estas historias, a conmovernos, a desnaturalizar la violencia, los asesinatos y la persecución como hechos tolerables dentro de un sistema que dice ser democrático.  En este tema, la mirada internacional de diversas ONG´s ha jugado un papel fundamental y han ejercido presión a través de la verificación y la denuncia del incumplimiento de los Acuerdos con instancias de defensa de derechos humanos a nivel internacional.

Un enfoque que sin duda ha sumado cuestiones a este tema de las mujeres en la construcción de paz ha surgido en los núcleos de las mujeres excombatientes. Esto es, el feminismo insurgente, donde las mujeres dentro de la guerrilla se han preocupado por cuestionar y transformar los roles impuestos de género. Ellas han sentado precedentes para deconstruir estereotipos acerca del rol de las mujeres en el conflicto armado, y así destacar la presencia de las mujeres en los acuerdos. La dejación de armas y pensar las formas de hacer la reincorporación a la vida civil ha sido uno de los ejes centrales del debate interno.

Ilustración de Laura Sierra.

Muchas de sus preocupaciones están relacionadas con no lograr la reincorporación en todos sus ámbitos, en el social, en el político, en el económico. Les preocupa la estigmatización, las amenazas, el hostigamiento hacia a ellas, a sus seres queridos, a sus voces y a sus memorias, no encontrar hogar al que volver o tener que huir de nuevo. Sumado al riesgo de no “encajar de nuevo en los roles de género marcados afuera”, sin desconocer que dentro de las guerrillas también hubo divisiones y violencias de género, sin embargo, son espacios marcados por expectativas y estatus diferentes.

Las organizaciones de mujeres manifiestan que la institucionalidad nacional no está preparada para enfrentar los retos que los acuerdos suponen. La falta de voluntad política, la indiferencia ante las movilizaciones de las últimas semanas por parte del gobierno nacional, el bajo conocimiento de los acuerdos en distintas zonas del país, la falta de recursos y de articulación entre las agencias de gobierno responsables de la implementación son muestras de ello.

La participación de las mujeres en los acuerdos enriquece nuestra mirada para entender la complejidad de los lugares que habitamos, los enfoques de género, diferencial, étnico, etc. Así, alienta que todo este proceso tenga una base social de larga trayectoria, donde la construcción de paz empezó al mismo tiempo que empezó el conflicto; y esta base seguirá dando continuidad a estos acuerdos donde es imprescindible aprender a escuchar, cuidar y sanar. Es, también, una alternativa para entender y habitar al mundo frente al imaginario patriarcal.

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